Cada vez que echéis sal en vuestra comida, pensad un momento:

¿De dónde ha salido ese salero? ¿Por qué, quién y cómo inventó uno de los aparatos de cocina más infravalorados y sencillos de la historia?

Tan bobo como ponerle un palo a un caramelo, ponerle unos agujeros a un bote se ha transformado en uno de los utensilios más importantes del mundo.

¿Echamos un vistazo a su historia?

vadesalEn primer lugar, retrocedamos hasta los siglos XVI y XVII, donde los plateros ingleses creaban recipientes para la sal.

De hecho, el propio rey Charles I pidió que le hicieran un recipiente para la sal de oro con zafiros, rubíes, perlas y esmeraldas. Un inicio repleto de lujo para un objeto apasionante.

Hay que tener en cuenta que, aunque hoy por hoy la sal cuesta una miseria en el supermercado, antaño costaba tanto dinero que era un símbolo que diferenciaba las clases altas de las bajas. De hecho, cuando Leonardo Da Vinci dibujó un plato de sal tras Judas en su cuadro “La Ultima Cena”, lo hizo porque se consideraba de mal agüero).

Así, el prestigio que tienen en el mercado de colección de algunos de estos primigenios saleros no vienen solo de su antigüedad, sino del valor que se le daba en aquellos tiempos por culpa del escaseo y el alto precio de la sal.

Más adelante, se crearon los primeros prototipos de saleros, que eran en realidad pequeños molinos, que podían ser usados para romper la roca de sal (similar a los pimenteros de hoy por hoy).

Y, aunque aún se producen para aquellos que prefieren tomar su sal recién molida, lo normal es acceder a los saleros de “toda la vida”.

Pero para saber cuándo empieza la vida de los saleros debemos adelantarnos hasta 1858, en pleno siglo XIX, cuando John Mason, un herrero que inventó diferentes utensilios, realizó el primer salero con tapa de la historia (hasta ese momento se conocía la palabra como único sinónimo de “recipiente en el que poner sal”). Aunque claro, la palabra “salero” vendría después.

Primero fue llamado “caja de especias”, “caja de dragar”, “botella de sal” o “caja de condimentos”. Es más, antes de que el salero se hiciera conocido como tal, en la calle era conocido como caja, bodega, aceitera, copa, distribuidor, recipiente, paquete, receptáculo, guardapolvo, espolvoreador o vaso.

VadesalLa idea original, eso sí, era bastante diferente a la actual: El primer salero era un receptáculo que tenía sal y la podía distribuir con igualdad en la comida sacudiéndolo y haciendo que cayera en una tapa de estaño inferior.

Finalmente, 50 años después, la Compañía de Sal Morton de Chicago añadió carbono de magnesio a su producto para que pudiera fluir mejor y, con ello, el primer salero real de la historia.

Así que ya sabéis: Cuando estéis echando sal en la comida, realmente estáis echando ante vosotros más de tres siglos y medio de historia. ¡En vuestras manos está que, además, sepa rica!

Fuente: http://blog.kelkoo.es/tendencias/la-apasionante-historia-del-salero-2011-12